Son pocas las bandas que, inmersas en esta nueva cultura musical mercantil y efímera, se pueden permitir el gusto y el placer de hacer las cosas a su ritmo, a fuego lento, con cariño, tesón y calma. Dedicar todo el
tiempo que las canciones necesitan, disfrutar de cada uno de los encantos que supone componer, grabar, producir junto a
J.M. Rosillo (
La Buena Vida, Amaral, The Sunday Drivers, Cooper…) y finalmente, publicar bajo el
sello
Audiomatic Records.
Una de esas bandas, que desde hace casi diez años lleva gozando del placer de hacer música con el único objetivo de crear buenas canciones,
es sin duda
Local Qua4tro. Más de nueve años desde que cinco amigos se
juntasen y empezasen a regalar canciones y conciertos para el disfrute de
sus cada vez más crecientes fans.
Pero el tiempo había llegado, la hora de los formatos cortos tocaba a su
fin y tras cuatro EP´s e innumerables conciertos a lo largo y ancho de
toda la península, tanto la banda como sus seguidores sabían que la hora
del primer largo estaba más cerca que nunca.
La Gravedad de Júpiter
estaba llamando a sus puertas.
Y así fue. Y
Local Qua4tro se las abrió de par en par y
La Gravedad de
Júpiter se sintió tan a gusto que se quedó con ellos nada más y nada
menos que dos largos años. Veinticuatro intensos meses a través de los
cuales disco y banda se fueron conociendo, perfilando, moldeándose el uno
al otro sin darse cuenta, hasta acabar alcanzando juntos una nueva dimensión: la dimensión de la madurez.
Ese es sin duda el éxito fundamental del
primer largo de una banda tan experta
como
Local Qua4tro: haber conseguido
plasmar en doce canciones la compleja
virtud que supone madurar un sonido sin
perder ni un ápice del alma, el aroma,
los orígenes y el gusto por mantener todo
el carácter del sonido de la banda.
No lo pienses más, ha llegado el momento
de meter el disco en el reproductor y que
“
Italia 90” empiece a sonar tan alto y
claro como el himno que ya es. Baterías
contundentes que te hacen temblar el corazón mientras que coros que recuerdan a
los orígenes del pop te lo consiguen estremecer. Y es que es ese y no otro el
valor principal de esta banda extremeño
madrileña. Pop, pop y más pop. La evolución mejor hecha de la música que desde
siendo niños lleva corriendo por sus
venas.
Cincuenta minutos de exquisitas letras acompañadas por melodías que van
desde la fragilidad y la melancolía de “
La playa de los muertos” a los
soniquetes frenéticos, bailables e imposibles de contener de “
Solomillo”
o “
Frank & Mente”. Temas enlazados con maestría que consiguen que la
dinámica del disco no decaiga ni un segundo, convirtiéndose de este modo
en una de esas piezas que como mejor se disfrutan es de principio a fin y
sin parar.
Un disco soberbio, cuidado hasta el extremo desde
la creación de su primer
acorde hasta su excepcional envoltura (obra de la
banda), pasando por la
magistral producción de
J.M. Rosillo, y que, como
todo buen disco, también
cuenta con canciones
únicas que gozan de un
brillo especial.
Hablamos de temas como “
Bucles sin alcohol”, que consiguen transmitir a
través de sus versos todo el respeto, la solemnidad y el amor por la
música. Un tema de esos que hace nacer en el escuchante ese ligero escalofrío que sólo las buenas canciones que evocan a los mejores tiempos
logran producir. Destacan por sí solas joyas de melancolía animada como
“
Popmentoneros” o la pieza mágica que sirve de insuperable broche final:
“
Casi veo a tu padre”.
Siete minutos de canción que consiguen que el disco culmine en lo más
alto a través de una letra que hará las delicias de todos los enamorados
y amantes del deporte rey. Ironía y dobles sentidos permanentes que, juntados a los cortantes solos de guitarra, consiguen que uno al acabar de
escuchar la canción no tenga otra reacción que no sea la de sentarse
frente al disco y aplaudir.
La Gravedad de Júpiter, para algunos el álbum de debut nacional más
maduro que se haya hecho en mucho tiempo. Para otros, la esperada confirmación finalmente plasmada en un largo. Para todos, sin duda un gran
disco de pop.
David Claud.